Mezzoforte II: Proceso del amor

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Como aquel épico caballero en busca de darle libertad a su amada envuelta en las entrañas de la más oscura soledad, me dispongo a entrar en tu castillo para romper esa monotonía que rige tu cotidianidad.

Al descubrir que está la soledad presente en el sitio, que solo nos hacemos compañía el uno al otro en tan inmenso lugar, pienso que se han conjugado los ingredientes perfectos para que esa sea una inmemorial velada.

Te coloco con algo de lujuria y fuerza pero siempre con mucha delicadeza recostada en una superficie. Allí, como pieza de rompecabezas, encajo perfectamente en tus brazos, tanto logro acomodarme allí, que pienso que estoy en el mejor de mis sueños.

Con mi mano dibujo el contorno de tu boca. Voy más allá y dejo que sea mi boca la que comience a luchar tibiamente con la tuya. La cobra hipnotizada por la belleza de la melodía que produce la repentina aceleración de dos corazones sale de su refugio a investigar en otra cueva. Aunque algo tímida, no pone resistencia al encanto que produce el momento.

Con una suavidad inigualable, y con la ambientación que produce la delicada música de un silencio solemne, comienzo a quitar el manto que cubre el más preciado de mis tesoros, comienzo a quitar el manto que tapa la belleza de una flor. Todo esto mientras ambos pares de labios siguen con su proceso de cortejo.

Nos transportamos a otra dimensión, esta vez es un lecho de nubes. Allí, termino de descubrir la belleza que bajo aquel manto se escondía.

Dejo ahora que mis labios como bajel recorran un mar tranquillo con diferentes relieves hasta que lleguen a un oasis de placeres. Entonces la hemerocallis se desenvuelve ante la abeja que atraída por su gallardía y fragancia ha llegado.

Son dos muertos vivientes los que sedientos de más placer buscan refugio bajo las sabanas que cubren la espuma. Buscan ser uno solo. Buscan ser esa criatura andrógina mencionada en “El Banquete”.

El caballero con su espada ahora hecha cadena, mira detenidamente esa fuente de calor que inmóvil lo acompaña. Mira como ha logrado domar al más feroz y sagaz de los felinos. A tal punto de hacerlo tierno y delicado.

Conforme avanza el nocturnal, y van llegando la víspera, la vigilia y los laudes, el letargo como veneno va invadiendo cada epitelio que me conforma, y le doy un hasta luego a mi vida.

En el oleo de la noche, veo como se regodean esa bandada de colores que vuelan con un suave vaivén, rozándose el uno con el otro, creando una orgia de sensaciones; deseando ser uno solo en el lecho celestial, siendo almas que con la luz del sol ya se extraña.

La llegada de los maitines anuncia el lacerante proceso de separación de un ser en dos. Ahora nuestras almas se extrañan. Y desde la distancia una nívea mano que en contra de su voluntad se despide.



Guazon